sábado, 12 de abril de 2014

De: Lo Presentido Se Hace Carne (César Martínez Callejo)



Te he traido la lluvia
para que reconozcas
mi delirio de mordiscos
                      y negras abejas,
para que tú descifres
esas puertas siempre llavadas
en que derramo renuncias
                      y declaro recuerdos,
para que me hagas alivio
en este revoloteo de hiel
                      y escaleras,
en este desconocer encuentros,
              engaño de papeles sucios y voraces.

Debes perdonar, amor,
mi habitación está revuelta
                 y mutilada....
         todas las cerraduras indescifrables (el desorden me hizo sitio) 
         el óxido de mis ventanas 
Debes perdonar
          mi inconstancia de ave,
          mi colección de denuncias y alfombras oscuras
          llenas de tiempo adormecido
                          y secretos
Debes perdonar, amor...
   pero
            ahora mismo
                     equilibro mis pasos al orden...
Ya debes saber,
                     lo inventé todo para traerte.
No debí molestarte,
                     pero
                empezaba a ser solo
            en el desconcierto de tabaco y cafés
                     y la hora de la lluvia me sorprendió.
Debes perdonarme, amor,
                     perdí mis mapas
                              entre las piedras del río
                     y no sabía volver. 



sábado, 22 de febrero de 2014

María Laura (César Martínez Callejo)


Cuando éramos pequeños
la rana de tu pupitre era
una declaración de amor


Y qué dulzura de torbellino vestiditas de mar,
abotonadas hasta el cuello lunas en sus uniformes de pudor y secretos,
van saliendo en cuartetos, al son sus caderas del teclado de sus risas;
novicias bajo las alas del crucifijo, atando tacones punzantes
que no murieron con sus madres.
Escaleras del convento, horas de espera y dibujos en la arena…
¿Y María Laura?
Qué tonto, se quedó castigada por lo del domingo.
Dónde, María Laura, debo notificar tu necesaria puesta en libertad,
tus necesarios labios de rezar y contarme rejas,
el riguroso estudio de místicos avisperos
edificados en tus manos…. En qué maldito puente
debo desencontrarme contigo otra vez,
trabar conocimiento con los insectos que atraviesan
las líneas de tu nombre dibujado sin pedir permiso.
A quién debo dar cuenta de tu ausencia de los pasillos oscuros
en que hábito habito, a quién
para que te salven de Dios.
María Laura, dime por qué no vienes
cargada de perfumes y cuentos en color;
por qué río cuando la noche me hace empujones hacia la sopa áspera
de aquel bendito colegio con caleidoscopios trucados.
Nos dirás que las hembras hacéis sangre y hechizos de serpiente,
que perdéis nuestras almas de paloma,
que sabéis sortilegios arcanos
y el misterio prohibido de la Santísima Trinidad…
Y yo pensaré en la multitud de ángeles malos
que se deslizan por las cometas de tu cabello,
en los hongos perfumados que germinarán en tu barra de labios
cada noche bajo mi almohada;
en tus ojos de salmo y fiestas perdidas, como tú, María Laura. Y
las celdas de la colmena se apagan al tiempo que rezo, María Laura,
santificado sea tu nombre, dónde diablos
estabas esta tarde, María Laura,
entre todas las mujeres, bendita tú, dónde,
maldita niña cautiva
hoy que me muero.




Génesis (César Martínez Callejo)






Eva, cuando llamas a la serpiente
y los coches no encuentran donde
aparcar, y enfureces al abuelo
que quiere ver el televisor;
la luna se pudre en tus senos, Eva,
y me dan entonces todas esas ganas
de matar, para que lo sepas,
lo bien que estábamos sin ropas ni leyes
en este paraíso
qué tiempo aquellos
maldita Eva
todo lo tienes
que estropear.




viernes, 7 de febrero de 2014

Rayuela (Gotan Project - Julio Cortázar)











Rayuela, capítulo siete
Me miras, de cerca me miras
Cada vez más de cerca
Y entonces jugamos al cíclope
Nos miramos cada vez más de cerca
Y los ojos se agrandan
Se acercan entre sí
Se superponen
Y los cíclopes se miran
Respirando confundidos
Textos escritos y publicados hace años
Con cronopios o sin ellos
En torno a su mundo de juego
A esa grave ocupación que es jugar
Cuando se buscan otras puertas
Un, dos, tres, cuatro
¡Tierra, Cielo!
Cinco, seis
¡Paraíso, Infierno!
Siete, ocho, nueve, diez
Hay que saber mover los pies
En la rayuela
O en la vida
Vos podes elegir un día
¿Por que costado
De que lado saltarás?
Otros accesos a lo no cotidiano
Simplemente para
Embellecer lo cotidiano
Para iluminarlo bruscamente de otra manera
Sacarlo de sus casillas
Definirlo, de nuevo y mejor
Me basta cerrar los ojos
Para deshacerlo todo y recomenzar
Exactamente con tu boca que sonríe por debajo
De la que mi mano te dibuja
Un, dos, tres, cuatro
¡Tierra, Cielo!
Cinco, seis
¡Paraíso, Infierno!
Siete, ocho, nueve, diez
Hay que saber mover los pies
En la rayuela
Oo en la vida
Vos podes elegir un día.
¿Por que costado
De que lado saltarás?
Yo te siento temblar contra mí
Como una luna en el agua


Un Profesor es Alguien que Habla en los Sueños de Otro (Benjamín Prado)




(En la tumba de W. H. Auden en Kirchstetten, Austria)


Imagina unos versos. Después, ponte a buscarlos
como si fueran tuyos y estuviesen perdidos;
intenta adivinarles las palabras
como el que huye trata de predecir los pasos
de quienes lo persiguen; y procura que en ellos
se detenga el idioma
                                 igual que el agua
se vuelve hielo para dejarse acariciar.

 
Que tu poema sepa algo que ignoras;
que no te necesite; que encuentre al mismo tiempo
lo que nadie soñaba y lo que buscan todos;
que cuando ya no estés
                                     oculte que te has ido,
se haga pasar por ti.
No escribas si lo puedes hacer como cualquiera
pero no como tú;
si al repetir
lo que dijeron otros
no dices otra cosa;
si en tus libros no se oyen los libros que leíste,
como en un apellido
                                  se escucha galopar
                                                                 a los antepasados.
Que tu poema esté a medio camino
entre tú y yo
                      lo mismo que una estatua
entre el cuerpo y la roca;
que ponga lo intocable en nuestras manos;
que logre que se queden las cosas que se van.
(Eso es lo que me dijo Auden junto a su tumba.
Nevaba sobre Kirchstetten, en los Bosques de Viena,
y yo soñé
                que un día
alguien pondrá unas rosas debajo de mi nombre
y encima de estos versos que escribo para ti.)



sábado, 30 de noviembre de 2013

Canción Amarga (Luis García Montero)



En la cara lleva
tres años perdidos
y el frío de las seis de la mañana.

Van a partirte el corazón.
De pronto
la luz apagada,
los pasillos turbios,
la puerta que clava su ruido en la espalda.

Van a partirle el corazón.
Y arrastra
una cadena oscura
de pasiones heladas,
ese frío que cabe solamente
detrás de una palabra.

Y yo la veo caminar,
despacio,
perderse en lo que anda,
fugitiva tristeza que va y viene
de la sombra a la puerta de mi casa.

La luz artificial deja en la calle
el temblor silencioso
de tres barcas ancladas.

cuando ella cruza por mi lado siento
como un golpe de remos
y un murmullo de agua.



Canción 19 Horas (Luis García Montero)

 
¿Quién habla del amor? Yo tengo frío
y quiero ser diciembre.

Quiero llegar a un bosque apenas sensitivo,
hasta la maquinaria del corazón sin saldo.
Yo quiero ser diciembre.

Dormir
en la noche sin vida,
en la vida sin sueños,
en los tranquilizados sueños que desembocan
al río del olvido.

Hay ciudades que son fotografías
nocturnas de ciudades.
Yo quiero ser diciembre.

Para vivir al norte de un amor sucedido,
bajo el beso sin labios de hace ya mucho tiempo,
yo quiero ser diciembre.

Como el cadáver blanco de los ríos,
como los minerales del invierno,
yo quiero ser diciembre.
                                                           
                                                                 


lunes, 25 de noviembre de 2013

Poema 7 (Roberto Juarroz)


Cada uno se va como puede,
unos con el pecho entreabierto,
otros con una sola mano,
unos con la cédula de identidad en el bolsillo,
otros en el alma,
unos con la luna atornillada en la sangre
y otros sin sangre, ni luna, ni recuerdos.


Cada uno se va aunque no pueda,
unos con el amor entre dientes,
otros cambiándose la piel,
unos con la vida y la muerte,
otros con la muerte y la vida,
unos con la mano en su hombro
y otros en el hombro de otro.


Cada uno se va porque se va,
unos con alguien trasnochado entre las cejas,
otros sin haberse cruzado con nadie,
unos por la puerta que da o parece dar sobre el camino,
otros por una puerta dibujada en la pared o tal vez en el aire,
unos sin haber empezado a vivir
y otros sin haber empezado a vivir.


Pero todos se van con los pies atados,
unos por el camino que hicieron,
otros por el que no hicieron
y todos por el que nunca harán. 




Rueda De Fuego Sin Lágrimas (Winétt De Rokha)



Era el tiempo inmóvil de la flor del jacinto;
(cuando yo era como las manzanas).


Y tú viniste, como todas las cosas,
que se encienden en el universo:
las tempestades, las sombras de la vida.


Y sin embargo...
venía tan nueva la composición de caminos de
bronce
que andabas edificando.


Mirándote me conocí, amándote, ¡oh! amándote
encontré el evangelio
de mi alma, ya cansada antes de ser.


Y sigo inquiriendo, y sigo esperando
arrancar de tu espíritu la razón de mi angustia;
sabiendo que me has dado todo lo que trajiste de
la muerte,
sabiendo que defines mis pupilas de carbón de
piedra,
sabiendo “que moriré llamándote” ...








domingo, 24 de noviembre de 2013

Canción Otoñal (Federico García Lorca)

 
 
Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas,
pero mi senda se pierde
en el alma de la niebla.
La luz me troncha las alas
y el dolor de mi tristeza
va mojando los recuerdos
en la fuente de la idea.

Todas las rosas son blancas,
tan blancas como mi pena,
y no son las rosas blancas,
que ha nevado sobre ellas.
Antes tuvieron el iris.
También sobre el alma nieva.
La nieve del alma tiene
copos de besos y escenas
que se hundieron en la sombra
o en la luz del que las piensa.

La nieve cae de las rosas,
pero la del alma queda,
y la garra de los años
hace un sudario con ellas.

¿Se deshelará la nieve
cuando la muerte nos lleva?
¿O después habrá otra nieve
y otras rosas más perfectas?
¿Será la paz con nosotros
como Cristo nos enseña?
¿O nunca será posible
la solución del problema?

¿Y si el amor nos engaña?
¿Quién la vida nos alienta
si el crepúsculo nos hunde
en la verdadera ciencia
del Bien que quizá no exista,
y del Mal que late cerca?

¿Si la esperanza se apaga
y la Babel se comienza,
qué antorcha iluminará
los caminos en la Tierra?

¿Si el azul es un ensueño,
qué será de la inocencia?
¿Qué será del corazón
si el Amor no tiene flechas?

¿Y si la muerte es la muerte,
qué será de los poetas
y de las cosas dormidas
que ya nadie las recuerda?
¡Oh sol de las esperanzas!
¡Agua clara! ¡Luna nueva!
¡Corazones de los niños!
¡Almas rudas de las piedras!
Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas
y todas las rosas son
tan blancas como mi pena.
 
 
 
 

Pequeño Vals Vienés (Federico García Lorca)



En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals del "Te quiero siempre".

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orilla tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.





sábado, 5 de octubre de 2013

Conversación en la Isla (Benjamín Prado)

 
 
-Escribir un poema es intentar desatarse,
adivinar en qué mano está la moneda
-dije yo-. Tú mirabas
el sol igual que un fuego encima de la isla
y yo dije: -La poesía empieza
cuando ya has olvidado qué es lo que te asustaba
pero aún tienes miedo.
Yo veía
las torres blancas. Tú dijiste: -Es raro,
nos gustaría huir
pero nadie nos sigue.

Junto al agua,
partiendo nuestras vidas,
cortándonos las manos al coger los cristales,
tú dijiste: -La poesía es todo
lo que hay entre un disparo y el animal herido.
Parecías
tan lejos, tan a salvo
de ti y de mí;
distinta igual que siempre,
rota y vuelta a armar de una manera nueva.

El sol se fue. La noche
se acercaba y yo dije: -¿Recuerdas que jugábamos
a poner nuestros años
al lado de la Historia? Por ejemplo:
aprobaste Latín y Armstrong llegó a la luna...
Y tú dijiste: -El fuego
                                           de los días,
                                                                   la suma
de las horas,
las letras de "Armstrong llegó a la luna"...
Estábamos tan solos,
tan cansados,
como perros perdidos en medio de la lluvia,
como hombres mirando la noche desde una casa vacía.

Vi las últimas luces de la costa y el cielo
extraño encima de la playa. -A veces
-dije- no hay más que eso
y algún sitio donde ir pero ningún sitio donde quedarte
y palabras que son las piezas del abismo
y recuerdos igual que disparos en una diana.

Luego llegó la luz, el ruido azul
de la mañana,
mientras tú decías:
-Te di mi corazón y quisiste mis sueños,
te di mis sueños pero quisiste mi esperanza.
y yo dije: -Sí, es eso. Eso es todo:
una sola mujer y un millón de maneras de perderla.
Me miraste. Dijiste: -¿Y después? Y yo dije:
-Nada. Después no hay nada.
Después de eso
tenemos que estar juntos para siempre.

Nos quedamos callados,
junto al agua,
mientras la luz rompía el orden de la noche,
mientras el mar se estrellaba contra los nombres de las ciudades.
Mirando el sol sobre las torres blancas.
Cada uno observando su corazón moverse
lo mismo que un pez rojo en la oscuridad de un río.

La sombra de las torres se parecía a mi vida.

Cada uno protegido por su propio dolor,
como ángeles mirando una tormenta desde el fondo del cielo.
 



martes, 1 de octubre de 2013

VII - Una Noche Te Dije...(Benjamín Prado)

 
 
 
-Una noche te dije: -Quien no tiene secretos
nunca tendrá piedad.

Llovía, pero abriste una ventana.

La tormenta era azul dentro del bosque.

La mancha roja de las rosas
se extendía
por el corazón de los jardines.

  Y el mundo era un mundo de otra época:
como la vez que estábamos en una casa abandonada.
 
 
 
 

Yo Fui la Más Callada (Julia de Burgos)

 
 
 
Yo fui la más callada
de todas las que hicieron el viaje hasta tu puerto.

No me anunciaron lúbricas ceremonias sociales,
ni las sordas campanas de ancestrales reflejos;
mi ruta era la música salvaje de los pájaros
que soltaba a los aires mi bondad en revuelo.

No me cargaron buques pesados de opulencia,
ni alfombras orientales apoyaron mi cuerpo;
encima de los buques mi rostro aparecía
silbando en la redonda sencillez de los vientos.

No pesé la armonía de ambiciones triviales
que prometía tu mano colmada de destellos:
sólo pesé en el suelo de mi espíritu ágil
el trágico abandono que ocultaba tu gesto.

Tu dualidad perenne la marcó mi sed ávida.
Te parecías al mar, resonante y discreto.
Sobre ti fui pasando mis horarios perdidos.
Sobre mi tú seguiste como el sol en los pétalos.

Y caminé en la brisa de tu dolor caído
con la tristeza ingenua de saberme en lo cierto:
tu vida era un profundo batir de inquietas fuentes
en inmenso río blanco corriendo hacia el desierto.