jueves, 19 de septiembre de 2013

XI, Poema Para Que lo Leas Cuando No Esté a Tu Lado (Benjamín Prado)


Mi amor, este poema
es para que lo leas cuando no esté a tu lado,
cuando no pueda ya cuidar de ti.

No te conformes nunca con alguien que no piense
que tu eres una llama más antigua que el fuego,
que tú eres su razón para vivir.

Aprende a no querer a los que no te quieran
y elige bien a qué le tendrás miedo:
no habrá sombra que oculte lo que tú temas ver.

Escapa del que piense
que el aire es la pared de lo invisible
y huye de aquel que crea
que es más feliz quien menos necesita,
porque ése no podría necesitarte a ti.

No te rindas, no olvides jamás que la tristeza
sólo es la burocracia del dolor.
Y si sientes que el mundo se derrumba,
no intentes abrazarte
a otro que esté cayendo a la vez que caes tú,
como yo hice contigo.

Algún día
tendrás que despertarte para salvar tus sueños.
Algún día sabrás que en las promesas
hay siempre un cristal roto
en el que aúlla el viento frío de la mentira.

Recuerda todo eso.

No escondas lo que sientes por miedo a ser frágil,
como aquellos
que por guardar tan bien lo que más les importa,
lo pierden para siempre.

Recuerda que no hay nada que no pueda
ocurrir cualquier día.
No olvides que esta obra ha terminado.
No olvides que le hablas a un teatro vacío.

……………….

Del libro Marea humana (Editorial Visor, 2010)



jueves, 8 de agosto de 2013

Imagen de Rudolf Bonvie ( Mario Benedetti)



Entre tú y yo... se levantaba
un muro de Berlín hecho de horas desiertas
añoranzas fugaces

... tú no podías verme porque montaban guardia
... los rencores ajenos
... yo no podía verte porque me encandilaba
el sol de tus augurios

y no obstante solía preguntarme
cómo serías en tu espera
si abrirías por ejemplo los brazos
para abrazar mi ausencia

pero el muro cayó
se fue cayendo
nadie supo que hacer con los malentendidos
hubo quien los juntó como reliquias

y de pronto una tarde
te vi emerger por un hueco de niebla
y pasar a mi lado sin llamarme

ni tocarme ni verme
y correr al encuentro de otro rostro
rebosante de calma cotidiana

otro rostro que tal vez ignoraba
que entre tú y yo existía
había existido

un muro de Berlín que al separarnos
desesperadamente nos juntaba
ese muro que ahora es sólo escombros





miércoles, 7 de agosto de 2013

La Sed Insaciable (José Ángel Buesa)



Decir adiós... La vida es eso.
Y yo te digo adiós, y sigo...


Volver a amar es el castigo
de los que amaron con exceso.


Amar y amar toda la vida,
y arder en esa llama.


Y no saber por qué se ama...


Y no saber por qué se olvida...


Coger las rosas una a una,
beber un vino y otro vino,
y andar y andar por un camino
que no conduce a parte alguna.


Buscar la luz que se eterniza,
la clara lumbre durarera,
y al fin saber que en una hoguera
lo que más dura es la ceniza.


Sentir más sed en cada fuente
y ver más sombra en cada abismo,
en este amor que es siempre el mismo,
pero que siempre es diferente.


Porque en sordo desacuerdo
de lo soñado y lo vivido,
siempre, del fondo del olvido,
nace la muerte de un recuerdo.


Y en esta angustia que no cesa,
que toca el alma y no la toca,
besar la sombra de otra boca
en cada boca que se besa...






domingo, 4 de agosto de 2013

Despójame de Ti (Magdalena Lasala)




Si ya me arrojaste de tu cuerpo

si ya me despojaste de cualquier esperanza

por tu piel

arrójame también de tu sueño

échame de tu noche

de tu sombra empecinada

en seguirme hasta mi espejo,

de tus manos buscándome entre las grietas

de esos muros que iban a protegerte,

échame de ese silencio que atrapa el eco

de mi ruego, despójame de ti

tálame, arruina mi ladera, desnúdame

de tu flor de octubre, de tu verano

sobre el lecho,

usúrpame tu imagen alumbradora, arranca

de mí

el suspiro que me entregó tu aliento

desposéeme de tu idea

despuéblame de tu amor, vacía mi casa

de tu nombre

arrójame

a la venturosa hoguera donde arde

el esqueleto de la gaviota

que viste posarse conmigo

en aquella playa.





jueves, 4 de julio de 2013

Los Amorosos (Jaime Sabines)



Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.

Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.

Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.

Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.

Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.

Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor
como una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.

Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida.








jueves, 27 de junio de 2013

Sentencia Previa (Marcela Guttilla)



Se sintió desplazada por ese dedo que, sin juicio ni palabras, la puerta señalaba. Privada su defensa de grandes impiedades, jugados su destino, su honor y su imagen, de pie y sin moverse, pronunció este relato:

En mi vida, hay tres Valores que no son negociables: mi Fe, mi Dignidad y mis Afectos. 
Esta es la trenza que voy entretejiendo a medida que va surgiendo cada situación, cada paso en el camino. 
No es fácil encontrar un equilibrio, a veces esa trenza se afloja en un extremo, se tensa en el otro, y para colmo yo, ni astuta ni atenta, suelo descuidarla, y a veces se enreda. 

La amarro firmemente, la tomo, la entrecruzo, y puedo ver que cuando sostengo a una, las otras se acomodan, se amoldan, se adaptan, y así puedo experimentar lo bella que puede ser la vida en armonía, de una trenza bien armada, con lucha y sacrificio: los hilos conductores que enlazan mis acciones, la trenza de mi vida: Mi Escala de Valores.

Y sin mediar más palabras, se fueron sus tacones. 

(Es que una persona justa, no acepta Sentencia Previa, de quien con tirana soberbia, se erige como juez). 



miércoles, 26 de junio de 2013

Óleo de Una Mujer con Sombrero (Silvio Rodríguez)



Una mujer se ha perdido
conocer el delirio y el polvo,
se ha perdido esta bella locura,
su breve cintura debajo de mí.

Se ha perdido mi forma de amar,
se ha perdido mi huella en su mar.

Veo una luz que vacila
y promete dejarnos a oscuras.
Veo un perro ladrando a la luna
con otra figura que recuerda a mí.

Veo más: veo que no me halló.
Veo más: veo que se perdió.

La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias, se quedan allí.

Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar.

Una mujer innombrable
huye como una gaviota
y yo rápido seco mis botas,
blasfemo una nota y apago el reloj.

Qué me tenga cuidado el amor,
que le puedo cantar su canción.

Una mujer con sombrero,
como un cuadro del viejo Chagall,
corrompiéndose al centro del miedo
y yo, que no soy bueno, me puse a llorar.

Pero entonces lloraba por mí,
y ahora lloro por verla morir.





domingo, 23 de junio de 2013

Puede (Concha González Fernández)



Qué típico de ti
dejar con la última palabra
mis labios rotos.

Puede
que el silencio
asido a la fiel costumbre de acallar
los combates de tu parecer
comenzase a pensar por ti
y para ti.


Puede
que escondido
tras su tonada incomprensible
abogue por el derecho
a la comprensión.

Puede
que redundando en su defensa
abogue
por una de esas comprensiones
enmascaradas de sutileza
de melancolía
de adicionadora y esperanzadora tristeza.

Puede que
ahora
la mente permita a tu boca
practicar el duro ejercicio
de la voz despronunciada

porque
puede que ayer
fuesen tus labios los rotos

porque
puede que ayer
fuese por tus labios rotos
por donde se escapó
la palabra.





Antes (Kydia Mateos; Uruguay)



Yo creo que te amaba
cuando eras un poeta
y tu aliento prendía
madrelunas de asombro
en mis manos cansadas.

Cuando apenas tenías
junto a la humilde lámpara
noches de vino triste
y romero encendido
para una angustia larga.

Cuando en tu andar soñabas
burdos amaneceres
de zapatos raídos
de muñecas ajenas
de calles enguantadas.

Cuando el viento traía
olor de sombra virgen
a la espiral bohemia
de tu mesa vacía
              callada.

Corrías tras mi sombra
desafiando las lunas
y los amaneceres.

Eras tan sólo un hombre
nostalgioso y amargo.

Apenas un poeta
tibio de noches pobres
con las manos vacías
y el loco corazón
desbordante de versos
engañosos.

Por eso yo te amaba.








jueves, 20 de junio de 2013

El Loco (Gloria Gayoso)

 
 
Resbalaban,
sus pasos, resbalaban
en el enjabonado pensamiento.
Corría imaginario por las plazas
con triciclo de huesos.

Inauguraba ritmos encendidos
para ahuyentar el miedo
y giraba cazando mariposas
agitando una máscara de yeso.

A veces en el giro tropezaba
con la destinataria de sus besos
y con sólo tocarla por instantes,
la luz lo regresaba del misterio.

Los lunes se reía estrepitoso
con cascabeles sueltos,
y repetía frases discordantes
golpeando el pecho.
La mano desprendida de su brazo
bailaba autónoma
en el grácil movimiento.

Los ojos coincidentes se perdían
en el caótico vaivén de sus adentros,
vueltos hacia las negras callejuelas
de sus errores viejos.

La llamaba, a los gritos, recobrándola
del olvido profundo de su cuerpo.

Y con el vocerío...
desde la bruma, el nombre de mujer,
vaho sutil de rosa,
con cada letra lo volvía cuerdo...
 
 
 
 


Las Distancias No Miden Lo Mismo (Roberto Juárroz)



Las distancias no miden lo mismo
de noche y de día.

A veces hay que esperar la noche
para que una distancia se acorte.

... A veces hay que esperar el día.

Por otra parte
la oscuridad o la luz
teje de tal manera en ciertos casos
el espacio y sus combinaciones
que los valores se invierten:
lo largo se vuelve corto,
lo corto se vuelve largo.

Y además, hay un hecho:
la noche y el día no llenan igualmente el espacio,
ni siquiera totalmente.

Y no miden lo mismo
las distancias llenas
y las distancias vacías.

Como tampoco miden lo mismo
las distancias entre las cosas grandes
y las distancias entre las cosas pequeñas.



viernes, 14 de junio de 2013

Cuando Me Vaya (Joan Manuel Serrat)



Me iré despacio un amanecer
que el sol vendrá a buscarme temprano.
Me iré desnudo, como llegué.
Lo que me diste cabe en mi mano.

Mientras tú duermes deshilaré
en tuyo y mío lo que fue nuestro
y a golpes de uñas en la pared
dejaré escrito mi último verso.

Y a la grupa
del terral, mi chalupa
de blanca vela peinará el mar.
¿Qué soledad te vendrá a buscar...?
Cuando me vaya.
Cuando me vaya.

Luna tras luna, llamándome
bajarás donde el azul se rompe.
El viento te abrazará de pie
hurgando el vientre del horizonte.

Una sonrisa se esfumará
rozando el borde de los aleros.
Tu boca amarga preguntará
¿...para quién brillan hoy los luceros?

Y las olas
sembrarán caracolas
arena y algas entre tus pies.
Los besarán y se irán después
hacia otra playa.
Cuando me vaya.

Me iré silbando aquella canción
que me cantaba cuando era un crío
un marinero lleno de ron
por si en verano sentía frío.

Me iré despacio y sé que quizás
te evoque triste doblando el faro.
Después la aldea quedará atrás,
después el día será más claro.

Y ese día
dulce melancolía,
has de arrugarte junto al hogar.
Sin una astilla para quemar.
Cuando me vaya.
Cuando me vaya.




miércoles, 12 de junio de 2013

El Último Paso (© Concha González)



El último paso
con el que alcanzaste la meta
de nuestro sueño,
aún resuena por los diáfanos pasillos
de mis desvelos.

Se aferra a sus suelos
tratando de sobrevivir
en sus huecos
tratando de no morir
en los olvidadizos brazos
de los silencios.

Y fue el último paso
el que llegó primero.
 
Fue el último
el que alcanzó la meta
de nuestro sueño.
 
 

viernes, 26 de abril de 2013

Sé (José María Hinojosa)

 
 
He perdido 
la memoria de los siglos; 
sólo conservo alientos 
de papiros añejos. 
 
 Y tengo la nostalgia de mí mismo 
de cuando sabios eran mis consejos, 
del tiempo en que mi olor 
no era el de museo. 
 
 No puedo resistir 
ver correr de mis ojos 
arenales de lágrimas 
formados por escombros. 
 
 Yo perdí la noción del calendario 
y de días microbios, 
pero continuaré mi papel de hierático, 
con sonrisa de insomnio, 
en este film inacabado. 
 
 Mi voz, mi signo indescifrado, 
no lo busquéis en el presente, 
buscadlo en el pasado. 
 
 
 

viernes, 22 de febrero de 2013

No, No Es Cansancio (Fernando Pessoa)


No, no es cansancio...

Es una cantidad de desilusión
que se me entraña en la especie del pensar,
es un domingo al revés
del sentimiento,
una vacación pasada en el abismo.

No, cansancio no es...

Es que yo esté existiendo
  y también el mundo,
con todo lo que contiene,
con todo lo que en él se desdobla
  y que es por fin lo mismo variado en copias iguales.

No. Cansancio, ¿por qué?

Es una sensación abstracta
de la vida concreta
- algo así como un grito
por dar,
algo así como una angustia
por sufrir,
por sufrir completamente o por sufrir como...

Sí: o por sufrir como...

Eso mismo: como...

¿Como qué?

Si lo supiera, no habría en mí este falso cansancio.

(Ay ciegos que cantáis en la calle,
¡qué formidable realejo
es la guitarra de uno, la bandurria de otro y la voz de ella!)

Porque oigo, veo.

Lo confieso: es cansancio.